Día soleado.
Buena comida.
Buen vino.
El cielo y las nubes hacen su aparición.
El viento sopla, la brisa acaricia,
y una taza de café acompaña el momento.
Animalitos con sus ronroneos
y su calor incondicional.
Todo parece ideal.
Pero al caer el siguiente segundo…
mi alma se sacude con recuerdos.
Cinco segundos pasan
y un flechazo cruza mi mente; contemplo tu nombre.
Diez segundos,
recuerdo tu voz y el color de tus ojos.
Veinte segundos,
recuerdo una sonrisa.
Treinta y cinco segundos,
recuerdo un abrazo.
Cuarenta y cinco segundos,
recuerdo una caricia.
Cuarenta y nueve segundos,
suspiro y confieso que me haces falta.
En tan solo unos segundos, un sismo de recuerdos
abre la puerta a las lágrimas y a la soledad.
El sismo continúa, los segundos pasan,
y ese minuto aún no ha terminado.
Brindo una vez más por ti.